Oportunidades del Plan Europeo de Salud Cardiovascular


Por Top Market Access, viernes, 12 de junio de 2026


El plan cardiovascular europeo reta a España a acelerar su despliegue en el SNS.

Europa empieza a situar la salud cardiovascular en un nuevo nivel de prioridad sanitaria. Pese a seguir siendo la primera causa de mortalidad en Europa, su prevención, detección precoz y abordaje integral no habían alcanzado hasta ahora el peso político que sí logró el cáncer con su plan europeo. El Plan Europeo de Salud Cardiovascular, también conocido como Plan para unos Corazones Sanos, pretende corregir esa distancia mediante objetivos comunes, mayor coordinación entre países, reducción de desigualdades y adopción ordenada de la innovación.

Con ese objetivo, Diariofarma organizó el coloquio “Esfuerzos de Europa en Salud Pública”, centrado en el Plan Europeo de Salud Cardiovascular, sus posibles efectos en el SNS y los aprendizajes del Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer. La sesión se enmarcó en el ciclo sobre el impacto de la agenda legislativa europea en el sector sanitario y farmacéutico en España y contó con la colaboración de Johnson & Johnson, Lilly, Novartis y Pfizer.

La sesión abordó el potencial de esta iniciativa para reforzar la prevención, mejorar la detección precoz, reducir inequidades y coordinar mejor el marco europeo con la estrategia española. La cuestión de fondo fue si España, que ya cuenta con una Estrategia en Salud Cardiovascular, redes asistenciales consolidadas y experiencia en investigación e innovación, se limitará a acompañar la agenda europea o buscará situarse como implementador temprano y referencia de buenas prácticas.

La composición de la mesa permitió analizar el plan desde distintas perspectivas. Intervinieron Marianne Takki, jefa de la Unidad de Prevención de Enfermedades y Promoción de la Salud de la Dirección General de Salud de la Comisión Europea (CE), que intervino vía online para presentar el marco europeo; Almudena Castro, presidenta electa de la Sociedad Española de Cardiología; Héctor Bueno, coordinador científico de la Estrategia en Salud Cardiovascular del SNS; Raquel Yotti, cardióloga y comisionada del PERTE para la Salud de Vanguardia; y Maite San Saturnino, presidenta de la Organización de Pacientes de la Fundación Española del Corazón. El debate fue moderado por José María López Alemany.

El Plan Europeo de Salud Cardiovascular llega cuando España cuenta con activos relevantes, como centros de referencia, códigos asistenciales, unidades de insuficiencia cardiaca, experiencia investigadora y una Estrategia en Salud Cardiovascular aprobada en el SNS. El reto será traducir esa base en mayor capacidad operativa, indicadores comparables y coordinación asistencial, con prioridades que los ponentes situaron en la prevención efectiva, la detección precoz ligada a protocolos, el refuerzo de atención primaria sin sobrecargarla, la integración de farmacia comunitaria, salud laboral y ámbito educativo, el impulso a la rehabilitación cardiovascular y la reducción de desigualdades territoriales, sociales y de género.

Situar la salud cardiovascular en la agenda europea

Marianne Takki realizó una exposición amplia en la que presentó el estado de desarrollo del Plan Europeo de Salud Cardiovascular y sus principales objetivos. Recordó que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad en Europa y defendió una respuesta coordinada para reforzar la prevención, el diagnóstico precoz, el acceso equitativo a la atención y la incorporación de la innovación.

Takki explicó que el plan, adoptado en diciembre de 2025 tras un proceso de consulta con Estados miembros, agentes interesados y ciudadanía, se articula en tres pilares. Estos son prevención, detección precoz y cribado, y tratamiento y atención, incluida la rehabilitación. El marco europeo aspira a reducir en un 25 por ciento las muertes prematuras vinculadas a enfermedades cardiovasculares para 2035 y se apoya en tres líneas transversales sobre datos y digitalización, investigación e innovación, y reducción de desigualdades. Además, incorpora diez iniciativas emblemáticas y aborda diabetes y obesidad por su estrecha relación con la salud cardiovascular.

La representante de la CE subrayó además la importancia de reducir desigualdades entre países, aprovechar mejor los datos sanitarios y aprender de la experiencia acumulada con otras estrategias europeas, como el Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer.

Takki resumió el enfoque del plan al reclamar “el pleno compromiso” y una “colaboración sólida de todos”, una idea que conectó con el debate posterior sobre la necesidad de implicar a administraciones, profesionales, pacientes y otros agentes en su implementación.

En relación con las razones para establecer este Plan, la responsable comunitaria precisó que no sustituye las competencias nacionales, sino que actúa como marco estratégico. La Comisión fija objetivos comunes, como reducir las muertes cardiovasculares prematuras y aumentar los controles regulares de presión arterial, colesterol y glucemia, mientras que los Estados Miembros mantienen la responsabilidad de organizar sus sistemas sanitarios y concretar las actuaciones. El papel comunitario será aportar recomendaciones, informes, programas y apoyo técnico para adaptar el plan a las necesidades de cada país.

Takki vinculó este enfoque con los aprendizajes del Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer. A su juicio, la experiencia acumulada en oncología demuestra la utilidad de objetivos comunes, prevención, programas estructurados y trabajo sobre desigualdades, aunque advirtió de que el ámbito cardiovascular presenta diferencias relevantes. Los controles de salud cardiovascular se están construyendo por primera vez a escala europea y deben adaptarse a 27 sistemas sanitarios distintos.

Para ayudar a los Estados miembros a conseguir los objetivos, Takki situó como primer paso la recomendación del Consejo sobre controles de salud cardiovascular, orientada a identificar a personas con factores de riesgo. A partir de ahí, defendió la necesidad de definir trayectorias integradas para que quienes sean diagnosticados entren en circuitos asistenciales con el paciente en el centro. Ese itinerario deberá completarse con opciones de tratamiento, manejo e intervención, sin limitarse a fármacos o procedimientos concretos, y con una prevención mantenida a lo largo de toda la vida.

Takki insistió en que la prevención no debe entenderse solo como una actuación previa a la enfermedad. También forma parte del seguimiento de quienes ya han sido diagnosticados, a través de actividad física, alimentación, nutrición y control de factores de riesgo. Además, recordó que el plan incluye actuaciones horizontales en tabaco y entornos alimentarios, con el objetivo de favorecer cambios poblacionales desde el marco europeo, siempre con respeto a las competencias nacionales y a los derechos individuales. Por eso concluyó que los Estados miembros deberán asumir la responsabilidad principal del despliegue, mientras la Comisión los apoyará con las herramientas disponibles a nivel de la UE.

A preguntas de Raquel Yotti, Takki reconoció, por un lado, la posición de España y el trabajo desarrollado en este ámbito, que, según afirmó, “no ha pasado desapercibido” en la Comisión, con una mención específica al papel de Héctor Bueno en las acciones conjuntas europeas. Por otro, rebajó las expectativas sobre financiación futura, al señalar que no podía anticipar decisiones vinculadas al Marco Financiero Plurianual y que los recursos disponibles son, por ahora, los previstos en el propio Plan Europeo de Salud Cardiovascular. Entre ellos citó la acción conjunta de cinco millones de euros como uno de los instrumentos más relevantes. Aun así, remarcó que la salud cardiovascular se mantiene como prioridad política de la actual Comisión y recordó que aparece de forma explícita en la carta de misión junto a salud mental y prevención.

Por su parte, Héctor Bueno preguntó cómo se traducirá la prioridad de la equidad en medidas concretas, Takki explicó que la Comisión prioriza las aportaciones de los actores más afectados por las políticas, entre ellos organizaciones de pacientes, profesionales sanitarios y Estados miembros. En equidad, Takki apuntó tres vías de trabajo. La primera será el cuadro de mando del Plan para unos Corazones Sanos, concebido como herramienta de política y potencialmente de financiación. La segunda, una línea de investigación sobre desigualdades por sexo y género, grupos vulnerables y perfiles de población. La tercera, la acción conjunta PreventNCD, dotada con 76 millones de euros y con un bloque relevante dedicado a las desigualdades sociales. La Comisión, resumió, espera que las acciones conjuntas aporten “un trabajo concreto e implementable” que se traduzca en beneficios reales.

Aterrizar el plan en el SNS, la consulta y la vida de los pacientes

El resto de participantes mantuvo posteriormente un diálogo a la vista de los planteamientos hechos por Takki desde una perspectiva española, con el foco puesto en su aplicación en la estrategia nacional, la organización asistencial y la vida diaria de los pacientes.

Héctor Bueno situó el principal valor del Plan europeo en su capacidad para reforzar la Estrategia en Salud Cardiovascular del SNS. Según él, la financiación puede ayudar, pero no constituye el elemento decisivo. “No creo que la financiación sea ni de lejos lo más importante que nos da”, afirmó. Lo relevante es la legitimidad, tanto política como científica, que aporta a una agenda que España ya venía trabajando y que ahora puede ganar peso entre los decisores.

Esta legitimidad puede acelerar la estrategia española, facilitar indicadores comunes y permitir una comparación más amplia con otros países europeos. Héctor Bueno recordó que España dispone de una visión de salud cardiovascular que abarca desde la infancia hasta el final de la vida e incluye promoción, prevención, detección precoz, atención aguda, cronicidad, rehabilitación, continuidad de cuidados y equidad. También subrayó que no se trata de un problema exclusivo de la cardiología, ya que cuando el paciente llega al cardiólogo, muchas veces el sistema ya ha llegado tarde.

Raquel Yotti vinculó el plan con la transformación del sistema y con las capacidades desplegadas a través del PERTE para la Salud de Vanguardia. Defendió que España cuenta con una estrategia de innovación en salud de carácter transversal, que integra política científica, sanitaria, industrial y educativa. “En España tenemos una estrategia, no solo de salud cardiovascular, sino de innovación en salud muy transversal”, afirmó. Ese enfoque, basado en personalización, medicina predictiva, digitalización y anticipación de la enfermedad, encaja con varias líneas del Plan europeo.

Yotti destacó especialmente el papel de los datos y explicó que el Espacio Nacional de Datos de Salud, alineado con el Espacio Europeo de Datos de Salud, puede ayudar a utilizar información clínica y no clínica para diseñar políticas públicas, anticipar enfermedad e identificar poblaciones vulnerables. En el ámbito cardiovascular, citó el potencial de los modelos predictivos y de los casos de uso vinculados a enfermedades crónicas como la insuficiencia cardiaca. Personalización, prevención y datos deben avanzar de forma conjunta si se quiere pasar de una estrategia general a intervenciones dirigidas a poblaciones concretas.

La práctica clínica introdujo una alerta sobre la distancia entre los planes y la consulta diaria. Almudena Castro advirtió de que, para los profesionales que atienden pacientes con tiempos limitados y agendas saturadas, las prioridades de prevención, cribado, rehabilitación o equidad pueden percibirse todavía lejanas.

Castro insistió en que el primer paso para prevenir o detectar mejor es conseguir que la población llegue al sistema. “No puedo prevenir, no puedo detectar, si el paciente no acude a algún sitio”, afirmó. Por eso reclamó una comunicación sanitaria capaz de llegar también a quienes no consumen información de salud o tienen más barreras para adoptar hábitos saludables. En ese punto vinculó prevención e inequidad y advirtió de que, si los planes no se aplican de forma práctica, la enfermedad cardiovascular puede reforzar su relación con la pobreza.

La presidenta electa de la SEC reclamó también un cambio en la forma de abordar factores de riesgo como la obesidad. “La obesidad no es un problema estético, no es un problema de voluntad”, afirmó, sino una enfermedad que requiere reconocimiento, tratamiento y acompañamiento. Esa mirada resulta clave para evitar mensajes culpabilizadores y para construir políticas preventivas que lleguen a los grupos de mayor vulnerabilidad.

Desde la perspectiva de los pacientes, Maite San Saturnino llevó el debate a la utilidad real del plan. Cada vez que se presenta una estrategia, explicó, los pacientes se preguntan si servirá para algo en su vida cotidiana o si quedará como un documento bien redactado. “El problema es que muchas veces el sistema llega tarde, es desigual y resulta muy difícil navegar por él”, resumió.

San Saturnino reclamó detección precoz accesible, prevención sostenida, educación sanitaria comprensible y coordinación real entre atención primaria, hospitalaria y sociosanitaria. También defendió que los pacientes no sean incorporados a las estrategias como un elemento simbólico, sino como socios reales. “Los pacientes no seamos un símbolo, sino que seamos un socio más en todas estas estrategias y estos planes”, reivindicó.

San Saturnino defendió que los pacientes necesitan acompañamiento durante todo el proceso, no solo por parte de los profesionales y del sistema, sino también de las organizaciones de pacientes, que cubren espacios que la asistencia formal no siempre alcanza. Alertó además del cansancio que genera tener que navegar de un recurso a otro y reivindicó la rehabilitación cardiovascular como una herramienta clave para mejorar la adherencia, la calidad de vida y la seguridad. “No es únicamente vivir años, es vivirlos con calidad, con seguridad y con un acompañamiento”, resumió.

Cribados, prevención e indicadores para medir resultados

El debate sobre los futuros controles de salud cardiovascular llevó la conversación al terreno más operativo. Si Europa impulsa cardiovascular checks más estructurados, el reto no será únicamente identificar a personas con riesgo, sino garantizar que esa identificación active una respuesta asistencial efectiva. Héctor Bueno advirtió de que los cribados, por sí solos, no bastan. “Hacer chequeos por hacer sirve para poco”, señaló.

Para que tengan valor, los controles deberán ir ligados a protocolos de actuación, recursos disponibles y capacidad de seguimiento. Bueno recordó que el primer desafío será lograr que los ciudadanos acudan a hacerse controles cuando no se sienten enfermos y que el segundo será encajar ese esfuerzo en una atención primaria ya sobrecargada. “Conseguir que los ciudadanos vayan a atención primaria si no están enfermos, si no sienten nada, no va a ser tan fácil”, advirtió.

La prevención cardiovascular debe tener a primaria como eje, pero no puede descansar exclusivamente sobre ella. Enfermería, farmacia comunitaria y otros recursos de proximidad deberán asumir un papel más relevante en la detección, el seguimiento de factores de riesgo y el acompañamiento a largo plazo.

Esta lógica fue compartida por Raquel Yotti, que defendió que “el núcleo es la atención primaria”, aunque con una visión de soporte hacia otras estructuras. En ese esquema, Yotti situó la salud laboral como una vía para facilitar el acceso a trabajadores que no acudirían al centro de salud por falta de tiempo o porque no se consideran pacientes. También señaló el papel del ámbito educativo y de la atención primaria pediátrica para detectar factores de riesgo desde etapas tempranas, especialmente en obesidad infantil. Para la comisionada del PERTE, la salud cardiovascular exige integrar políticas públicas, porque conecta prevención, datos, educación, trabajo, asistencia sanitaria e investigación.

La medición será otro elemento decisivo. Héctor Bueno defendió que los indicadores deberán combinar proceso y resultados intermedios. Será necesario saber cuánta población accede al cribado, cuántas personas completan las pruebas previstas y qué proporción entra en circuitos de seguimiento. Pero también habrá que medir si las intervenciones mejoran el control del colesterol LDL, la presión arterial, la glucemia, el tabaquismo, la obesidad o la adherencia terapéutica. Los grandes resultados en mortalidad, infarto o ictus tardarán años en observarse, por lo que harán falta métricas que permitan valorar antes si el sistema avanza en la dirección adecuada.

La equidad deberá atravesar esa evaluación. Bueno reclamó indicadores desagregados por sexo, variaciones regionales y accesibilidad, y lamentó que “desgraciadamente seguimos sin tenerlo”. Si el plan pretende reducir desigualdades, habrá que comprobar si las actuaciones llegan a quienes acumulan más riesgo y encuentran más barreras para acceder a prevención, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación.

La rehabilitación cardiovascular ocupó también un lugar destacado. Castro la definió como el resultado de no haber actuado antes y afirmó que “la rehabilitación cardiaca es el fracaso de lo que no hemos hecho antes”. De esta forma, subrayó que la prevención debe anticiparse al evento cardiovascular. San Saturnino, por su parte, vinculó la rehabilitación con la adherencia, la calidad de vida y la seguridad del paciente.

En el tramo final, los ponentes respondieron a las cuestiones planteadas por los asistentes, que permitieron ampliar algunos temas del coloquio. Yotti destacó las posibilidades de la colaboración público-privada para orientar proyectos hacia prioridades de país, con instrumentos como las Misiones del CDTI o las líneas estratégicas impulsadas por la Agencia Estatal de Investigación. Castro incidió en la necesidad de mejorar la comunicación en salud cardiovascular, no solo desde la información, sino también desde la emoción, para llegar de forma efectiva a la población. San Saturnino insistió en reforzar la participación de las organizaciones de pacientes en la estrategia cardiovascular y defendió que los profesionales “receten organizaciones de pacientes”, también desde atención primaria.

Los pilares y las iniciativas del ‘Plan Europeo de Salud Cardiovascular’

El Plan Europeo de Salud Cardiovascular se estructura en tres grandes pilares: prevención, detección precoz y cribado, y tratamiento y atención, incluida la rehabilitación. A ellos se suman datos y digitalización, investigación e innovación, y reducción de desigualdades, como ejes transversales al conjunto de la estrategia. Su objetivo general es reducir en un 25%las muertes cardiovasculares prematuras para 2035 y apoyar a los Estados miembros en el abordaje de las enfermedades cardiovasculares, con atención también a diabetes y obesidad por su estrecha relación con la salud cardiovascular.

En total, el plan incorpora diez iniciativas emblemáticas. En prevención, prevé lanzar EU cares for your heart, un programa de prevención a lo largo de la vida, personalizado y apoyado en herramientas digitales; crear un sistema europeo de información sobre el procesamiento de alimentos; modernizar la legislación de control del tabaco, especialmente ante nuevos productos de nicotina; estudiar herramientas, incluidas posibles medidas financieras, para apoyar la prevención y la reformulación alimentaria; y promover una recomendación del Consejo sobre vacunación frente a infecciones respiratorias como medida preventiva en población con riesgo cardiovascular.

En detección precoz, el plan plantea un protocolo europeo de controles de salud cardiovascular, acompañado de la campaña Know Your Numbers, para impulsar la medición de presión arterial, colesterol y glucosa. En tratamiento y atención, prevé una recomendación del Consejo sobre tratamiento personalizado y seguimiento, orientada a rutas asistenciales integradas, digitales y centradas en el paciente.

Los tres ejes transversales se concretan en una incubadora de IA y tecnologías digitales en salud cardiovascular; un cuadro de mando europeo de desigualdades cardiovasculares; y una hoja de ruta de investigación e innovación, con foco en predicción del riesgo, cribado, medicina personalizada, mujeres y grupos vulnerables.

Fuente: Diariofarma