Abordaje interdisciplinar para tratar al paciente obeso


Por Top Market Access, miércoles, 23 de noviembre de 2022


Las consecuencias de la obesidad no solo son físicas sino también psicosociales. La ansiedad y la depresión son emociones que suelen estar presentes en las personas que conviven con esta patología.

Helena García, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, e investigadora en el Hospital Universitario La Paz-IdiPAZ de Madrid, subraya la estrecha relación que existe entre la obesidad y los efectos psicológicos, principalmente con síntomas ansioso-depresivos. "Una de las emociones que más nos encontramos, relacionadas con la sobreingesta, es la ansiedad. Esta emoción se activa ante situaciones desafiantes, y la conducta de ingesta puede convertirse en un ansiolítico para la persona, lo que conlleva a un aumento de peso. Esto puede generar un círculo vicioso, donde ese aumento de peso provoca a su vez ansiedad. Otra de las comorbilidades psicológicas de la obesidad es la sintomatología depresiva. Son personas que ven el mundo de una manera negativa, con perspectivas de futuro sombrías. Esta situación, a menudo, está relacionada con una insatisfacción en la imagen corporal y aislamiento social. En estos casos, la comida actúa como un reforzador intrínseco potente, ya que calma estas experiencias difíciles de enfrentar y de soledad o tristeza".

Helena García, que también es profesora en el Centro Superior de Estudios Cardenal Cisneros, UNIR, y en la Universidad Pontificia de Comillas, anima a trabajar estos sentimientos negativos con la práctica de ejercicio -entre otras muchas estrategias-, ya que el deporte libera oxitocina y serotonina, que son hormonas vinculadas a la felicidad. Este hábito ayudará a mejorar la calidad de vida de estas personas.

MANEJAR LA INGESTA EMOCIONAL

Para abordar los sentimientos de sufrimiento, ansiedad, baja autoestima y aislamiento de la persona con obesidad, el profesional de la psicología dispone de técnicas y herramientas que han demostrado ser eficaces. El psicólogo debe ayudar a manejar la ingesta emocional y facilitar a que estas personas puedan demorar la recompensa, que se puedan relacionar con la frustración, con estilos de vida modernos que son muy demandantes y que generan presión al menor coste emocional posible. También hay que trabajar la planificación diaria de la alimentación: no improvisar. Helena García considera importante que estos tratamientos se realicen a través de un equipo interdisciplinar, en el que el psicólogo esté integrado en un equipo. "Las herramientas psicológicas son complementarias a las herramientas médicas (por ejemplo: la farmacología)", así como a las de otros profesionales que forman estos equipos", asegura.

Un aspecto importante que el psicólogo debe de trabajar con el paciente es el eje de la motivación. "Bajar de peso no es fácil, es muy complejo, y va más allá de la responsabilidad individual. Estas personas no presentan obesidad porque sean vagas y les falte voluntad, sino que hay una cuestión fisiológica en esta patología Además, hay que trabajar los contextos y la regulación emocional. Esto ayuda a que las personas puedan atenderse y entenderse", afirma.

La especialista refiere que hay estudios que describen que las personas con obesidad tienen más problemas para mantener el trabajo, a veces por las bajas derivadas de su enfermedad. Otras veces, cuando estas personas buscan empleo, su imagen les perjudica. Un obeso en determinados contextos sufre la respuesta del estigma por parte de la sociedad, al igual que les sucede a las personas con un problema mental. Existe una desvalorización de una determinada estética que puede interferir en la adhesión a los tratamientos.

EDUCAR A LA SOCIEDAD EN LO DIVERSO

Es urgente evitar la estigmatización de estas personas, ya que se identifica al obeso como una persona con poca voluntad, que no se cuida y en muchos casos hay una carga genética que hay que atender. "Es importante formar a los ciudadanos y a los equipos de salud y educar en lo diverso", subraya Helena García.

Esta percepción de la persona con obesidad por parte de la sociedad puede ayudar a que el paciente tire la toalla debido a los sentimientos de indefensión y autoeficacia percibida que generan. Necesitamos trabajar para evitar esta situación y es importante hacerlo desde la relación clínica con el paciente. La persona con obesidad tiene derecho a un tratamiento integral con equipos de salud, endocrinos, médicos de atención primaria, psicólogos, enfermeras e incluso entrenadores físicos. "Tenemos que relacionarnos con estas personas desde la simetría moral, sin juicio de valor ni castigo.La relación debe ser deliberativa. Los profesionales sanitarios sabemos de fármacos, de nutrición pero el paciente conoce su vida, sus valores, deseos y miedos. El estigma hay que reducirlo desde una relación éticamente cercana, firme y sólida, sin juicios y despertando la motivación. Debe de ser una comunicación clara, directa y honesta. Por otra parte, en este vínculo, el paciente tiene que asumir responsabilidad sobre su propio proceso de salud. Es un trabajo en equipo", asegura la psicóloga.

Para conseguir el abordaje de estos pacientes es importante destinar recursos para su manejo. No hay que olvidar que es un tema de salud pública. Hay que hacer campañas de prevención y promoción de salud y para eso hace falta destinar presupuesto. También hay que continuar incorporando psicólogos en las unidades de obesidad de los hospitales.

"La persona con obesidad tiene que elegir cuidarse, y para ello necesita contar con un equipo del que se fíe, que le acompañe y en el que exista una comunicación que sea empática y que tenga información ajustada a sus necesidades. El paciente obeso también debe de conocer las consecuencias de no cuidarse para poder tomar decisiones autónomas. Los profesionales tenemos que trabajar desde el marco de las decisiones compartidas", concluye Helena García.

Fuente: El Mundo